domingo, 5 de septiembre de 2010

MALTA 2010 CUARTO DIA

27 DE AGOSTO DE 2010


Según los folletos que cogí ayer a la vuelta de Gozo, los ferrys hacia Comino salen también desde Cirkewwa y de otros lugares. Para que fuera más fácil decidimos cogerlo desde ahí. El primer ferry salía a las 9:30 y nosotros fuimos de los primeros en llegar, ya que a las 9:10 estábamos esperando ya a que saliera el barco. Sale uno cada hora y el último es a las 4 de la tarde. A diferencia de Gozo, no se puede llevar el coche, ya que es una isla muy pequeña y está bastante preservada porque es una maravilla de la naturaleza. Por eso el barco es pequeño y el viaje cuesta 10 € ida y vuelta por persona que se paga antes de salir y no a la vuelta como en la otra isla. Cuando faltaba poco para zarpar apareció una mujer con un grupo de unos 15 críos de unos 8 años que venían todos armando follón y pensé que la travesía sería algo molesta, pero que va. La verdad es que los niños se portaron la mar de bien. El puerto es una maravilla de agua turquesa. Estoy acostumbrada a que la mayoría de los puertos que veo tienen un agua verdosa bastante sucia, la verdad pero este puerto era un sitio ideal para el baño. De hecho seguro que en pocos minutos habría gente nadando por allí, aunque hay que tener cuidado con los barcos.

De nuevo experimenté la sensación de libertad al sentir la brisa marina en mi cara mientras el barco avanzaba y podía aspirar el salado y agradable olor del mar. El increíble agua azul turquesa nos acompañó todo el rato y solo nos dejó unos momentos cuando estábamos a una profundidad tal que se volvió un poco más oscura. Sobre las 9:45 ya estábamos en Comino. Si la Gruta Azul me pareció impresionante y la Ventana Azul espectacular, la Laguna Azul de Comino me pareció una pasada. No existen palabras para describir lo increíble que es, eso solo pueden hacerlo las fotos. Ya mientras atraca el barco sientes un impulso irrefrenable de tirarte por la borda vestido con bolso y todo. Da igual porque aquello es el paraíso.



Como fuimos de los primeros no había casi nadie y era una gozada poder nadar en aquellas aguas transparentes y cristalinas en absoluta paz. Había una camioneta que era también chiringuito de hamburguesas y un chiringuito de artículos de playa en el que compramos unas gafas para bucear porque la ocasión lo requería. A mí me gustan las cuadradas, las mejores para bucear en la playa pero valían 10 €, así que preferí las de piscina por 6 €. Sí, un poco caras teniendo en cuenta que en los chinos no llega ni al euro, pero es que estas gafas son buenas de verdad. Y sombrillas y hamacas. Cientos de ellas. El problema de este maravilloso lugar es que está turísticamente sobreexplotado y da pena. Sólo hay un pequeño trozo de arena y el resto son todo rocas. Cuando llegamos nos pusimos en un sitio y nos fuimos directos al agua, pero en cuestión de pocos minutos no había ni un solo centímetro cuadrado en el que no hubiera una hamaca y una sombrilla. No hay sitio para poner las toallas, así te obligan sí o sí a coger una, pero de momento nosotros nos negamos. De todas formas no pensábamos salir del agua...



Justo delante de donde estábamos, había como una isla a la que solo se podía ir nadando. Hasta mitad de camino se podía hacer andando porque no cubría pero luego ya había que nadar un poco. Como es agua bastante salada tienes que nadar poco para mantenerte en el agua, por lo que casi ni te cansas. Luego había otro trozo que no cubría hasta la orilla. Todo el trayecto lo hice con las gafas obsevando la fauna marina llena de algas, pececillos de vivos colores e incluso medusas, aunque por suerte pocas y las esquivé. En esta pequeña playa había gente también pero no sé cómo habían llegado. Poca gente porque era pronto y además me pareció más tranquilo porque no habían hamacas. Había una pequeña cueva con salida al mar por los dos extremos y me adentré en ella para investigar un poco lo que había; después volví al lugar donde teníamos las toallas. En pocos minutos pude constatar que la playa de enfrente hasta hacía poco casi desierta se hallaba abarrotada de hamacas y sombrillas que los implacables hombres no paraban de colocar. No cabía un alfiler aunque aún no había demasiada gente.



En el agua conocemos a tres malagueños: Rafa, Jose y Silvia y también a tres más: una chica de Valencia, otra de Zaragoza y un chico de Barcelona que lleva un año y medio viviendo en Malta. Le pregunto qué tal se vive ahí (tiene gracia que lo sepa de mano de un español y no de un maltés que sería lo más normal) y me dice que bien, pero que no hay mucha diferencia con España. Por lo visto el tema del trabajo está más o menos igual, pero lo veo normal porque es una isla pequeña y hay pocas opciones. De hecho no hay nada. No como en España...A lo que más se dedica la gente es a servicios, turismo y las casas de apuestas por Internet, que curiosamente es uno de los pocos países en los que están permitidas. Se ve que mucha gente trabaja en eso asesorando a los apostantes, canalizando las inversiones y demás. Con ellos hablamos poco rato porque cuando empiezan a ver la manada de gente que comienza a invadir la isla y los barcos, cada vez más grandes (no lo entiendo) que traen a cientos de personas, se marchan; nos dicen que anoche se quedaron a dormir en otra playa con una tienda de campaña y que de noche está todo infestado de ratas. ¡Qué horror! no quiero ni imaginármelo.



En cambio, con Jose y Rafa nos tiramos casi las 6 horas que estuvimos allí hablando con ellos. También habían viajado mucho y habían estado en muchos sitios en los que nosotros también habíamos estado y la conversación giró todo el rato en torno a eso: los viajes. Aunque también hablamos de otras cosas, de España en general, pero no tano. Jose estuvo 6 años antes en Malta y flipaba con los cambios y lo explotado que estaba todo cuando antes era prácticamente virgen. Nos contaron que Sivia, la amiga que les acompañaba hace un par de años se cogió un año sabático y se dedicó a recorrer Tailandia, Nepal, Vietnam,...Ella sola. Qué valiente, pero cómo me gustaría poder hacer lo mismo. Con Javi, por supuesto, no soy nada sin él. Sobre la 1 me comí los bocadillos que nos habíamos traído. En Comino hay un hotel que también es restaurante, pero como no sabíamos si iba a haber sitio o si era caro (que no lo creo) preferimos hacernos unos sandwiches de pan bimbo en el hotel. Nos fue muy bien porque ahorramos dinero pero en realidad no nos hubiera hecho tanta falta porque había un montón de chiringuitos donde elegir. Después de comer le dije a Javi que iba a inspeccionar la isla y me fui yo sola. Me di cuenta que al lado del chiringuito que vi por la mañana, habían llegado cinco más y se habían puesto al lado. Había comida de todo tipo: hamburguesas, kebaps, ensaladas, frutas, helados,...Vamos que tenías donde elegir. Y un poco más adelante había un cartel donde indicaba para ir a los lavabos. Caminé durante bastante rato por un camino polvoriento en medio de la desértica isla. Un poco más adelante vi un cartel que indicaba para abajo hacia una tienda de artesanía. Cuando ya había andado un rato decidí darme la vuelta. Pretendía darle la vuelta a la isla (y no es muy difícil sabiendo que mide unos 2 km de largo) y ver las otras playas que marcaba el mapa y que seguro que iban a estar muchísimo más tranquilas. Porque a aquellas horas la Laguna Azul era un hervidero. Parecía el metro en hora punta, no se cabía. Afortunadamente, en la zona que nos habíamos puesto nosotros, al estar más alejada no había tanta gente y se estaba la mar de bien.



Pero el calor apretaba de lo lindo y el camino era muy solitario y me di la vuelta, no vaya a ser que me pasara algo, porque nadie se enteraría. De vuelta vi una cala preciosa al otro lado del embarcadero donde el barco nos dejó. Tuve que hacer un poco de último superviviente (pero sin comer bichos, dios que asco) para poder bajar y casi me mato, pero valió la pena, porque solo habían, aparte de mí 4 personas más. Estuve nadando un buen rato y decidí volver ya porque Javi se iba a preocupar. Creo que estuve casi una hora fuera. Volví a través del agua y así el camino se hizo mucho más ameno. Cuando llegué Javi me preguntó dónde me había metido. Le dije de irnos a otra parte de la isla y de ver las otras playas pero no le apetecía. Tampoco era ninguna tragedia quedarse allí. Sobre las 2 y pico nos despedimos de los malagueños y nos encaminamos al embarcadero para coger el barco de vuelta, que venía sobre las 2 y media, aunque el último salía a las 6. Nos daba mucha pena abandonar el lugar y de verdad que lo disfrutamos al máximo. Miré durante largo rato el agua turquesa para grabarlo en mi memoria y que no se me olvidara jamás. De las casi 6 horas que estuvimos, 5 las pasamos dentro del agua y la hora que no, estuvo repartida por intervalos. Nunca nos pasamos más de 15 minutos sin pisar el agua. Tenéis que ir. Es lo que más recomiendo de toda Malta. Pero queríamos aprovechar para ir a algunos sitios de Malta. Esperamos un rato y el barco tardó más de lo previsto. Vino un poco antes de las 3 y con la gente que había pensamos que no cabríamos, pero la gente cogía otros barcos.

















Para volver también estuvo bien porque a la vuelta el barco nos hizo una pequeña excursión por la parte de detrás de Comino, que tiene un montón de pequeñas entradas y cuevas parecidas a la Gruta Azul. Desde luego, la Laguna Azul es la mejor playa que he visto en mi vida hasta ahora. Sin ninguna duda. Para Javi también. Cuando llegamos a Cirkewwa, cogimos el coche para ir a la Golden Bay, una playa famosa que también recomienda la guía. Tardamos un poco en llegar, y eso que no está lejos, pero las indicaciones...Ya se sabe. Aparcamos en un parking con pinta de que después venga un gorrilla y caminamos un poco para ver las vistas, que son impresionantes. Hay tres playas relativamente juntas: la Golden Bay, la Ghaj Tuffieha y la Gnejna Bay. Están muy abajo y la Golden Bay nos queda muy lejos, así que decidimos ir a la Ghaj Tuffieha que queda en medio, y por tanto es la que está más cerca, aunque la mejor es la Golden Bay porque sus aguas son más azules. Pero las tres son bonitas. Para descender a la playa que queremos ir tenemos que bajar infinidad de escalones. Ahora muy bien, pero ya veremos la vuelta... Esta playa, al igual que las demás, es de arena y para llegar a un sitio que cubra tienes que andar kilómetros, por lo que al final, te cansas y prefieres agacharte para que te cubra y ya está.



Después de bañarnos un rato, Javi dice de ir a la Peter's Pool por última vez. Yo, aunque me encanta, preferiría ir a otra playa, más que nada por ver alguna nueva, pero no me puedo negar, así que nos vamos. Tenemos el mismo problema con la arena que en Ramla Bay: no hay manera de quitársela. Nos la quitamos como podemos y pensamos que ya nos la quitaremos bien en Peter's. Se me había olvidado daros un consejo: si hacéis como nosotros, que llevamos el bañador puesto todo el día y vamos haciendo ruta, dándonos baños aquí y allí os recomiendo que llevéis bañador de repuesto porque ya puedes quedarte mil horas al sol que no se secan ni p'atrás. Y aunque he de reconocer que refresca, acaba siendo desagradable. Sobretodo para nosotras, las chicas, que esto nos puede producir infecciones con tanta humedad tanto rato. Es una buena hora para llegar a Peter's porque la gente se está empezando a ir. Son ya más de las cinco y media, así que de coña, más sitio para nosotros. Aunque aún hay gente. Allí se está de maravilla, pero lo mejor es ir al medio día, porque a esas horas el sol está de tal manera, que no se aprecia el bonito color del agua y ésta se ve más oscura. Buceo un rato con las gafas y se ve bien, pero falta visibilidad, sería mucho mejor si fuera más temprano.



Ángel vuelve a mandarnos un mensaje pero no nos va a dar tiempo de quedar, porque él además esa noche tiene cena con sus compañeros de la casa. Sobre las 7 nos vamos. Los malagueños nos han recomendado un restaurante en Bugibba para cenar, y dado que es nuestra última noche, lo queremos que sea especial o como mínimo, diferente. Al llegar hotel, Javi se da su último baño en la piscina, mientras yo empiezo a organizar la maleta. Hemos comprado algunas cosas y, aunque le daré algunas cosas mías a él, no podré meterla en el avión. Tendré que facturarla y pagar los 40 € que me piden por ello, que no sabéis lo que me duele. Después me ducho. Sobre las 8 y media bajamos hacia donde está el restaurante, muy cerca del Mcdonalds donde comimos el primer día. A unas tres calles por debajo del hotel empieza la marcha. Hay bares, restaurantes, pubs y un montón de souvenirs que, sorprendentemente, dado los horarios que se llevan aquí, están abiertos. Damos un buen paseo por la zona. A mí me hubiera gustado bajar las otras noches, pero Javi estaba muy cansado y me sabía mal. Además pensaba que había que ir en coche y con lo que costaba aparcar, la verdad luego daba mucho palo. Sobre las 9:30 llegamos al restaurante. Jose me recomendó el surtido de brusketas y pedí eso de primero y de segundo una ensalada de sandía, mozarella, jamón serrano (sí, en la carta ponía "serrano ham"), cebolla y tomate, entre otras cosas. Me hubiera gustado pedirme otra cosa, sobretodo algo de carne, pero viendo lo grande que eran los platos, decidí que mejor no, porque iba a ser demasiado.




Javi se decantó por unas costillas de cerdo con miel caramelizada por encima y patatas fritas. Me dio dos veces a probar la carne, que estaba muy buena, aunque algo seca para nuestro gusto. El surtido de brusktas me decepcionó. No eran como las de los demás restaurantes, sino que las pusieron en panecillos pequeños, de los de bolsa. Una tenía jamón serrano y queso, otra era la típica, otra de alcachofas y vinagre de Módena y otra con carne de cangrejo y queso. Hay que decir que el jamón me sorprendió gratamente porque pensé que sería malo, y resultó ser bastante bueno. Las brusketas iban acompañadas de lechuga y guacamole. La comida con dos bebidas por persona, nos salió a 33 €, que también está muy bien. El postre preferimos tomarlo en alguna de las heladerías que habíamos visto por la zona. Había también una concentración de Mitsubishis deportivos muy guapos. Cuando salimos del restaurante, que eran casi las 11, las tiendas aún seguían abiertas y pasamos otro buen rato mirándolas. Después nos tomamos un helado y ya volvimos al hotel, sobre las 11:30 para dormir.


Y nada, ya se acabaron las vacaciones en Malta. Cuatro apasionantes días que transcurrieron a la velocidad de la luz. Pero qué bien estuvimos, cuánto nos ha gustado. Es precioso. Volveremos. Y ahora con la nostalgia del buen tiempo pasado, toca otra vez la monotonía la vuelta a las preocupaciones, los problemas, el trabajo,...A ver si yo encuentro algo ya. Mientras, nos contentaremos con soñar cuál será nuestro próximo viaje.

MALTA 2010 TERCER DIA

26 DE AGOSTO DE 2010



A las 8:40 ya estamos en la cola para coger el ferry hacia la isla de Gozo. El ferry se coge en la población de Cirkewa, el punto más al norte de la isla de Malta, aunque me parece que se puede coger desde otros puntos de la isla. Desde aquí es la distancia más corta, por lo tanto vale la pena cogerlo desde aquí. Los horarios se pueden consultar en internet. Sobre las 9 empezamos a embarcar y a y cuarto ya zarpamos. Lo bueno de la compañía de ferrys de Gozo es que hay uno cada tres cuartos de hora prácticamente las 24 horas del día tanto para ir como para volver. ¡ Aprended Jadrolinias de Croacia! El viaje se paga a la vuelta. Lo primero que me hace gracia es que dispone de cafetería y quiosco. Pasamos de la cafetería porque imaginamos que nos clavarán y miramos el kiosko que está lleno de revistas y periódicos en inglés, y algunos en otras lenguas. Lo único que encontramos en español es el diario El País. Hay un montón de guías y libros sobre Malta y lo que me llama mucho la atención es que hay también guías para Amsterdam, que la verdad no sé que pinta ahí. El trayecto dura unos 20 minutos que se hacen de lo más agradable, ya que cogemos uno de los pocos asientos con sombra y nos beneficiamos de la brisa porque en el sol es imposible estar.





En seguida desembarcamos en Gozo y salimos del pequeño puerto, que me recuerda mucho al de Korcula en Croacia. Es gracioso pero el estado de las carreteras es mejor en Gozo que en Malta, y eso que es más pequeña (14 km de largo por 7 de ancho) y vive menos gente (80.000 personas). El monumento más famoso que tiene son las famosas piedras de Ggantija, pero también es interesante la capital, Rabat, llamada también Victoria en homenaje a la reina inglesa del mismo nombre, con su ciudadela, y por supuesto la Ventana Azul, además de otras cosas.






Nada más desembarcar vamos directos a San Lawrenz, el pueblo más cercano donde está situada la Ventana Azul, esperando que a esas horas no haya demasiada gente. Gozo, al igual que Malta brilla por la ausencia de vegetación. Al llegar dejamos el coche en un parking de tierra sin vigilancia porque más abajo vemos uno bastante lleno. Además ahí no hay que pagar. Descendemos la ligera pendiente que lleva hasta los acantilados para ver la Ventana. Sólo se me ocurre una palabra: espectacular. Es increíble como el viento, el tiempo, el agua y la erosión han esculpido la roca hasta convertirse en lo que es hoy. Los acantilados en los que está son muy abruptos y tienes que tener mucho cuidado al caminar por ellos porque si te caes te dejas las rodillas ahí. Nos acercamos al borde del acantilado para poder admirar las vistas del agua, cuyas olas empuja a chocar contra las rocas. Es el lugar de todo el país, (contando las tres islas) en el que la mar está más picada, claro que en todos los demás sitios está como un plato. Por eso precisamente no es un lugar adecuado para bañarse, aunque es muy bonito. Es peligroso porque las olas te empujarían hacia las rocas y te harías daño y no es accesible para bajar al agua. Pasamos bastante rato mirando la Ventana Azul desde varias perspectivas y paseando por los acantilados. Hay unas escaleras en un lado y vamos bajando poco a poco. Desde ahí se ve una piscina natural envuelta de rocas donde hay gente bañándose en una espectacular agua azul. Es tan tan profunda que se ven buzos haciendo submarinismo pero se les ve muy, muy abajo, y al ser el agua tan clara se divisa incluso desde muchos metros de profundidad. Tal y como esperábamos a esas horas no hay mucha gente pero empiezan a venir en manadas justo cuando nosotros empezamos a irnos.





Al volver hay varios puestos con cuadros de la zona. Algunos están muy bien de precio, pero no los podemos llevar en el avión, así que nos quedamos con las ganas de comprar uno. Compro postales en un puesto. Hay una en especial en la que la foto está hecha en un día de gran tormenta y es preciosa, con las olas rompiendo y ocupando todo el orificio de la Ventana. Cogemos el coche y nos vamos hacia Victoria, la capital. Yendo hacia la Ventana, hemos tenido que atravesarla y hemos visto un mercadillo, por lo que decidimos ir a mirar. El tema del aparcamiento está difícil y después de dar un par de vueltas vemos un cartel que pone "parking por 1,20 €", así que no nos lo pensamos dos veces y lo dejamos allí. Se nota que es un lugar turístico porque está llenito de souvenirs y recuerdos. Compramos varias cosas y pasamos un rato mirando los puestos. El calor que hace es horrible, me chorrean las piernas, la espalda y el canalillo como si me hubieran echado una jarra de agua por la cabeza. Javi está igual que yo o peor. Damos una vuelta por las tiendas y las calles de la ciudad, que es pequeña y tiene poca cosa. Veo a la venta un montón de cosas de lana muy gorda y no lo entiendo ¿quién compraría semejante prenda con la que cae? además dudo que eso se lo pongan incluso los días de más frío en invierno, porque el termómetro no suele bajar de los 12º. Al retirar el coche nadie nos pide dinero, por lo que al final hemos tenido suerte y nos ha salido gratis.




La pareja que conocimos el día anterior en la Peter's Pool, que vivían en Madrid, nos recomendaron la playa de San Blas. Ellos habían alquilado un barco para ir a Gozo (gente con obviamente otros poderes adquisitivos) y habían accedido con él, pero en coche se podía ir, bajando por un camino después. Nos encontramos con que hay aparcamiento, sí, pero para 3 coches y el nuestro no cabe. Empezamos a hacer maniobras para poder dar la vuelta y casi nos vamos por el precipicio. Desde el coche veo la playa y es muy bonita pero está muy lejos y encima el coche lo tenemos que dejar aún más arriba. Para bajar muy bien, pero cuando toque subir, con todo el calor nos va a dar algo, entonces pensamos que mejor nos vamos a otra playa. Decidimos probar con Ramla Bay, que la recomienda la guía. Aquí sí hay sitio para aparcar, también gratis, pero está atestado de coches. Imaginamos que la playa será como la Benidorm, que hay que pedir tanda para entrar. Ya por el camino a la playa nos preguntan unos chicos si queremos sombrilla y hamacas. Nosotros no queremos pero vemos que otra gente sí y por un módico precio que no sé cuál será ni quiero saberlo, se lo llevan ellos mismos y se lo instalan en la playa. Justo a la entrada de la misma hay varios chiringuitos con una gran oferta donde se puede comer de todo, tomar bebidas y helados, que hacen pasar el calor un poco mejor. La playa es de arena pero con muchas piedras pequeñas y grandes por todas partes. El color es de ocre, como la arena del desierto y el agua está limpia y clara, aunque no es tan azul como en la Peter's Pool o en otros sitios. Disfrutamos de un más que agradable baño, aunque el agua no está tan fría como nos gustaría. Para conseguir que te cubra has de andar muchísimo. También cuenta con servicio de socorrista. Pasamos allí una hora más o menos y nos vamos a comer a Xlendi, pero claro, hay un problema. La playa no tiene duchas y la humedad hace que no te seques ni por recomendación. Salimos con los pies llenos de arena mojada y la única manera de no poner el coche hecho una pocilga es regarlo con el poco agua de beber que nos queda (da igual ya compraremos una botella por ahí) y el resto con las toallas, que se quedan hechas una mierda las pobres.






Xlendi sale en la guía, y por lo visto es un pequeño pueblo de pescadores donde se como muy bien y que está sufriendo el auge del turismo. Aparcamos el coche otra vez gratis y damos una vuelta. El pueblo tiene una bonita salida al mar y está muy bien porque tiene una pequeña esquinita de arena y agua que no cubre, en la que los niños se pueden bañar mientras los padres están a escasos metros de ello comiendo o tomando algo en las terrazas de los restaurantes. Miramos los precios de algunos de ellos y acabamos en el que nos parece a mejor precio, ya que consideramos el resto algo caros. Yo esta vez me decanto por una brusketta con mozarella que aún está mejor que la normal y una ensalada de salmón ahumado. Javi prefiere una pizza. La comida otra vez nos sale por unos 20 y pocos euros y nos tomamos un helado en una heladería cercana. Entonces viene el dilema. Son casi las 4 y yo quiero ir a la ciudadela de la capital a ver un museo de folclore de la isla que debe estar muy bien tal y como dice la guía, pero también me encantaría pegarme un baño en este precioso lugar.






Al final decidimos irnos a Victoria y no muy tarde acabaría arrepintiéndome de esta decisión. Resulta que, gracias a la mierda de indicaciones para encontrarlo todo aquí, tardamos demasiado en hallar la Ciudadela y cuando llegamos el museo ya está cerrado (cierran a las 5). Hace mucho calor y la ciudadela está muerta, apenas nos cruzamos con unas cuantas personas. Hay varios museos y tiendas aquí pero está todo cerrado. Me recuerda un poco a Mdina pero mucho más pequeña. Por fin veo una iglesia abierta y decido entrar sólo para ver cómo es por dentro, porque se ve muy grande. Yo voy en tirantes y allí son tan católicos (está prohibido el aborto y el divorcio, pa flipar) que tienes que guardar la compostura para entrar en las iglesias y no se puede ir de cualquier manera, por tanto yo que como decía voy en tirantes y pantalones cortos, no creo que me dejen entrar. Igualmente entro pensando en que no tiene por qué haber ningún cura, no parece hora de misa, pero sí hay uno, y además vestido de monje franciscano que aún me sorprende más. Le echo un rápido vistazo a la iglesia y no me adentro demasiado porque veo que me echa una mirada desaprobadora. Hay una chica joven extranjera que decide ponerse una chaqueta para entrar pero yo me niego. Primero hace demasiado calor, segundo me parece una enorme estupidez y tercero yo no soy una feligresa, simplemente me interesa como monumento, así que salgo. Ojalá nos hubiéramos bañado en Xlendi, porque hubiéramos podido venir aquí un poco más tarde.





Necesitamos un remojón y decidimos hacerlo en la playa de Qbajjar y Xwejni Bay. No son gran cosa, pero están muy bien. Las dos de roca, a unos pocos metros la una de la otra, con fácil aparcamiento y lo mejor: poca gente. Nos estamos un buen rato bañando y se hacen más de las 6. Creemos que es hora de volver a Malta. Ángel, al que conocimos ayer en Marsaxlokk nos envía un mensaje diciendo que estará en La Valeta hasta las 7, por si queremos tomar algo, pero no nos va a dar tiempo. Una pena. Para volver a Malta sí que hay que pagar. Pasas como por una especie de peaje para encaminar el coche hacia el barco. A nosotros nos cuesta 15,75 € conductor+coche y 4,75 € para mí, que soy acompañante. En total 20,5, no está mal. Seguro que es más barato si viajas sin coche. El trayecto de vuelta es aún más agradable. Soy muy feliz cada vez que viajo a través del mar, me encanta, pero además da más sombra que antes. Esta vez me doy una vuelta por la cafetería solo por curiosidad y descubro que los precios son asombrosamente baratos. Casi todo cuesta 50 o 60 céntimos, por lo que decido comprar una bolsa de patatas y unas chocolatinas para las dos. Durante la travesía vemos unos cámaras y un chico que repite una y otra vez la misma escena. Suponemos que es un actor que está grabando una serie o una película, pero no sabemos ni para qué cadena ni si es maltés o de otro país. De todas formas en ningún momento nos piden que nos movamos ni que guardemos silencio, solo intentamos no interferir en su trabajo cuando paseamos. Sobre las 7 y pico volvemos a pisar Malta, y al llegar a Cirquewa cojo algunos folletos de los ferrys de Comino.




Llegamos al hotel y descansamos un rato. Javi quiere bañarse en la piscina pero cuando subimos la puerta está cerrada con llave y en la recepción no hay nadie, así que se queda con las ganas el pobre. Nos duchamos, preparamos la cena (pasta) y después de leer un rato nos vamos a dormir. Mañana es nuestro último día en la isla y lo vamos a dedicar a visitar la isla de Comino, que por lo visto tiene una playa espectacular, la Laguna Azul. Hay que levantarse tempranito para coger el primer ferry y llegar de los primeros porque luego se pone como un hormiguero.

sábado, 4 de septiembre de 2010

MALTA 2010 SEGUNDO DÍA

25 DE AGOSTO DE 2010


Son poco más de las 8 cuando bajamos a disfrutar de nuestro desayuno gratis, cortesía de la casa, en el hotel. No es gran cosa, pero tiene un poco de todo: bollos, galletas, cereales, café, leche, zumo de naranja (de bote), pan de molde, mantequilla, mermelada, embutidos, yogures y fruta. ¡Ah, y un bote enorme de Nutella! Mientras me tuesto el pan hablo con la chica de recepción que es la encargada de estar para el desayuno. Le pregunto qué tal se vive en Malta, porque siempre me gusta saber algo sobre el país que visito y resulta ser rusa, del sur a unos 1.000 km de Moscú. Ya decía yo que no tenía mucha pinta de maltesa...También me dice que tiene 33 años y esto sí que me sorprende porque yo no lo echaba más de 23. Ella lleva cuatro años viviendo en Malta y está contenta. Es un lugar mucho mejor para vivir que Rusia por muchas cosas y también para criar a los niños (no dice si ella tiene). Es muy seguro y apenas hay delincuencia y lo que más le gusta es la calidez de las personas; forma parte del carácter mediterráneo, imagino que en Rusia la gente es más fría, como pasa siempre en los lugares donde el clima es peor. Cuando estamos terminando de desayunar entran una pareja de españoles con un niño a desayunar y son catalanes sin duda porque cuando nos vamos y nos despedimos nos dicen. "Deu!"




Encontramos el coche fácilmente y nos ponemos en marcha hacia la Gruta Azul, que está en el suroeste de la isla, a unos 26 km aproximadamente. Esto, contra todo pronóstico, está muy bien indicado en las carreteras y carteles y no tiene pérdida. De hecho yo diría que es lo que mejor está indicado. Llegamos a las 9:30 de la mañana a Zurrieq, el pueblo desde el cual salen los luzzus (las barquitas tradicionales maltesas) que llevan a la Gruta Azul. El viaje cuesta 7 € por persona. Como la primera salida más o menos es a esa hora, aún hay poca gente, una familia de 4 personas, seguramente ingleses y cuando ya estamos montados en la barca llegan tres valencianos o alicantinos, por su forma de hablar. Cabemos solo 9 personas. Enseguida empieza la excursión.




A esas horas ya hace un calor de muerte y se agradece mucho el paseo por el mar, con la agradable brisa marina azotándote en la cara y revolviendo el pelo. Nos dan un chaleco salvavidas a cada uno mientras nos vamos rodeando la costa. Se trata de un serie de fabulosas cavernas marinas naturales con caprichosas y pintorescas formaciones rocosas. La verdad es que el color del agua es de un azul precioso y se ve el fondo, aunque hay mucha profundidad. Nos adentramos en varias cuevas, según el barquero, la Gruta Azul es la última en verse. El paseo en sí es muy bonito y recomendable. Después de visitar varias cavidades a cual de ellas más bonita, se llega por fin a la famosa gruta, en la que al entrar la luz del sol desde el exterior hace que el azul del agua sea aún más intenso. Me alegro de ser de las primeras personas del día, porque solo está nuestra barca. Seguro que si hubiéramos ido más tarde, habrían más y ya no sería lo mismo. Me llama mucho la atención un islote que veo en frente nuestro a lo lejos y me siento tentada de preguntarle al barquero qué es aquello, pero no lo hago. El color intenso del agua no invita a otra cosa que a bañarse pero en principio creo que no se puede, además para subir a la barca luego, ¿cómo lo haces? Desistimos por el momento y ya iremos a alguna playa de por aquí cerca.



Al volver pienso que por media hora, si llega que dura la visita, 7 € por persona me parece un poco caro, pero de verdad que merece la pena. Al llegar de nuevo a Zurrieq, miramos las dos tiendas de souvenirs que hay y compro unas postales (para variar) y en una de ellas sale el islote que vimos antes y el que me quedé con las ganas de saber: se trata de Filfa, un islote deshabitado de apenas un km de diámetro. Cuando retiramos el coche del párking donde lo hemos dejado se nos acerca un hombre mayor a pedirnos dinero, como si fuera el gorrilla. En la guía ya ponía que esto era muy habitual y que dando un euro se quedan más que contentos, aunque si no das, en teoría no dan problemas. Nosotros le damos un euro y todo bien. Ahora nos vamos a dirigir a los templos de Hagar Qim y Mnajdra, situadas muy cerca de Zurrieq (unos 5 km como mucho).




Constatamos cada vez más a cada instante que pasa que Malta es un socarral completo, es decir un lugar árido y desértico con caminos polvorientos. Me pregunto cuándo fue la última vez que llovió aquí...Aparcamos fuera de los templos, en el párking que, sorprendentemente es gratis. La entrada vale 9 € por persona, pero decidimos entrar, ya que es el único vestigio arqueológico que vamos a visitar. Nos hacen esperar pero en pocos minutos empieza la visita. Primero nos hacen pasar a una sala de audiovisuales. Somos ya un grupito de unas quince personas y entonces entra un señor, apaga la luz y empieza la proyección de un vídeo de unos diez minutos sobre algunas cosas de Malta pero en especial de los dos templos que vamos a visitar enseguida. No hay problemas para entenderlo, ya que sólo son imágenes acompañadas de música. Así no tienen que gastarse nada en traducciones. Cuando el vídeo se acaba, salimos por otra puerta y damos con un pequeño museo donde hay varias piezas encontradas en los templos, su historia, cronología y descubridores. Está escrito todo en inglés y maltés. Esto nos lleva como una media hora, aproximadamente, sobretodo yo que me lo miro y me lo leo todo detenidamente. He pagado 9 € y pienso disfutarlos.




El complejo consta de dos templos prehistóricos que ejemplifican el ingenio y compleja estructura social de la sociedad que habitó aquí hace más de 3.000 años y que desapareció súbitamente entre el 2.500 y 1.800 antes de Cristo. Se tratan de unas estructuras megalíticas que hace pensar y mucho en cómo narices se las ingeniaron para construirlas, ya que las piedras están perfectamente talladas, pesan muchísimo y además están puestas unas encima de otras en una altura que un hombre de estatura normal no llega. ¿Cómo es posible que construyeran esto en aquella época cuando todavía no existían ni las grúas ni las poleas? Sí, seguro que lo hicieron entre un montón de hombres fuertes y con ayuda de animales de carga, pero aún así parece imposible. En el museo, los primeros descubridores fantasean con la idea de que fue hecho por gigantes y a mí no pareció una idea tan descabellada.





Hagar Qim significa "Piedras erguidas" y fue descubierto en 1839. Está formado por un conjunto de habitáculos ovales añadidos en diferentes épocas en forma de trébol. Es de piedra blanca caliza de fácil tallado, que aún conserva la decoración original, tal y como pone en los carteles. Los restos del templo están protegidos inteligentemente del sol con una enorme carpa y se agradece porque al menos corre un fresquito agradable, ya que el sol es implacable y nos hace sudar a chorros. Las vistas desde aquí del mar son bastante buenas. Hay un camino que baja que seguimos porque seguro que lleva al segundo templo.





Y así es. Ahora nos encontramos en Mnajdra, a 5 minutos caminando desde el otro y que está protegido de la misma manera. Termina en un bonito acantilado y las vistas del mar con el islote de Filfa a lo lejos son espectaculares. Está construido con, aparentemente, la misma piedra que el otro, pero según la información que pone en los carteles, es mucho más resistente y por eso se encuentra mejor conservado. Tiene la misma decoración pero tiene nichos excavados, santuarios interiores y pilonos porticados (como puertas de piedra), que el de Hagar Qim no tiene. Hay una ventana perfectamente cuadrada, desde la que se dice, el sumo sacerdote realizaba sus predicciones). Se considera que ambos están muy unidos con el culto a la fertilidad, ya que se encontraron numerosas figuras de deidades femeninas que se exponen en el Museo Arqueológico de la Valeta. La vuelta al coche se hace mucho más pesada de lo que imaginamos. El camino parece interminable, cosa que no nos pareció a la ida, y el sol no perdona. Estamos deseando llegar al coche para poner el bendito aire acondicionado a tope y darnos algún baño en una playa cercana. La visita nos ha gustado. El lugar está muy guapo y es interesante.




El genial mapa que nos han mandado por correo desde la oficina de turismo de Malta nos señala una playa no muy lejos, en Ras Manzir. Javi aparca en un sitio y yo ni siquiera me bajo del coche, mientras consulto la guía mirando las playas que más recomienda. En dos segundos Javi vuelve a subirse al coche. Dice que la playa está muy muy abajo y que no es nada del otro mundo, así que mejor nos vamos. Según la guía hay una playa "Peter's Pool" cuyo nombre es bastante atractivo de por sí (la piscina de Peter), por lo que decidimos ir a echar un vistazo. Como siempre, la llegada es una odisea, gracias a las pocas indicaciones que encontramos por el camino y que nos hacen usar nuestra intuición en más de una ocasión. Al final encontramos un cartel que nos indica hacia la izquierda, y yo creo que realmente lo hemos encontrado de casualidad. El camino es realmente horrible. Es un camino de cabras, literalmente, y súper estrecho, con unos muros de piedra a un lado y al otro. Un todoterreno por ahí no cabe ni de coña y como nos crucemos con otro coche no sé qué vamos a hacer. Afortunadamente dura muy poco y desemboca en un aparcamiento de tierra bastante arregladito.




Cogemos las toallas y bajamos por el camino hasta la playa. Un camino bastante accidentado también pero que en 5 minutos o menos te deja en la Peter's Pool. Simplemente A-LU-CI-NAN-TE. Es un sitio precioso, con un agua cristalina y que realmente vale el viaje hasta allí (unos 8 km). Hay poca gente, de momento, así que perfecto. Nos encontramos a los catalanes que vimos ayer en el aeropuerto cogiendo un coche de alquiler. Él es profesor de primaria y son de Santa Eulàlia de Ronçana, un pueblo cerca de Granollers, provincia de Barcelona. Más tarde me enteraría que fue profesor de la hija de la pareja de mi padre. Qué pequeño es el mundo. Ellos se quedan una semana entera y se alojan en Qormi. Yo, al principio me da un poco de cosa y prefiero bajar por las escaleras que hay para poder salir del agua, pero Javi se tira desde lo alto. Oh, el agua está buenísima, el antídoto perfecto al insorportable calor que estábamos sobrellevando y además está muy profundo, aunque, como el agua está tan salada, a penas necesitas moverte para no hundirte. Javi ya ha cogido confianza y se tira desde el lugar más alto, que está a unos 7 metros de altura. Al principio se lo piensa porque da mucha impresión desde ahí, pero le echa lo que hay que echarle y se tira. Y le gusta tanto que repite un montón de veces. El lugar es perfecto para tirarse y muy seguro porque es recto y con mucha profundidad. Pasamos ahí un rato muy agradable y placentero, mientras hablamos con más españoles. Hay también una pareja que vive en Madrid en la que él es de Granada y ella valenciana, aunque nacida en Barcelona, con la que nos pasamos un largo rato hablando entre chapuzón y chapuzón. Miramos el fondo que se sitúa a bastantes metros debajo nuestro.




Se hace la hora de comer y abandonamos este precioso sitio para ir a Maraxlokk, el pueblo de al lado donde es famoso por su pescado y donde por lo visto se come muy bien. Como es algo tarde y tenemos hambre, vamos al primer restaurante que encontramos. Pido pan de ajo, brusketta y una ensalada de gambas. Javi comparte el pan de ajo conmigo y pide un plato combinado de patatas, huevo y bacon. Sinceramente pido la brusketta sin saber bien lo que es, pero resula el acierto de las vacaciones, tanto que lo pido todos los días como entrante. Se trata de pan dos rodajas de pan de payés tostado y calentito con tomate por encima y una salsa de alcaparras y olivas verdes con ajo, vinagre, aceite de oliva y sal. Sencillamente exquisito. La ensalada de gambas también está muy bien, con un montón de gambas saladas que hay que pelar, aunque el pan de ajo para mi gusto está muy seco. La comida con una bebida por cabeza y una botella de agua para los dos de 75 cl nos cuesta 23 €, que está muy bien. Yo he comido muy muy agusto. Son las tres de la tarde y el sol abrasa sin piedad. Justo enfrente del restaurante está el puerto y hay un mercadillo bastante grande situado en él. Damos una vuelta. Vemos que muchos souvenirs son más baratos que en las tiendas y compramos algunas cosas: un cuadrito, un autobús y alguna cosa para la familia. En el puesto donde compramos todo esto conocemos a un chico español y empezamos a hablar con él durante un rato. Le hablamos de la piscina de Peter y al final decidimos volver de nuevo con él, con la excusa de enseñarle el sitio, ya que él no tiene coche.




Pasamos una hora más allí. Él se llama Ángel, es de Cuenca, también profe, pero de secundária de artes plásticas y ahora lo han destinado a Molina de Aragón, en Guadalajara. Está estudiando un curso de inglés en Sliema, cerca de La Valeta. Después lo dejamos otra vez donde lo encontramos y nos intercambiamos los móviles para quedar otro día y para tener contacto, aunque al final entre unas cosas y otras, no dio tiempo. Marchamos raudos hacia Mdina y Rabat, pero antes paramos en un Lidl para comprar algunas cosas para la cena. Mdina es una ciudad medieval y que, al igual que Rabat, tienen nombres de ciudades marroquíes. La verdad es que parece una ciudad antigua Marroquí. Rabat no tiene nada, solo las catacumbas de Santa Ágata y San Pablo, que a esas horas están más que cerradas (son ya las 6 de la tarde), que seguro que son muy interesantes de visitar, pero bueno, otra vez será...Medina es preciosa aunque a esas horas está muerta, con alguna tiendecita abierta. Lo bueno es que podemos hacer buenas fotos sin que haya gente por en medio. Fue una vez capital del país, hasta que en 1571 los caballeros de la orden fijaron la capital en La Valeta. Aquí también hay un Mdina Experience, de hecho hay un Experience en cada ciudad importante de Malta. Hay un museo de antigüedades romanas, varias exposiciones y una catedral. Como también está enmurallada y arriba de una colina, se ven buena vistas desde allí.




Empieza a caer la tarde y pensamos en ir a los acantilados de Dingli. Empieza a nublarse cada vez más y hace hasta fresco, que la verdad se agradece un poco después de tanto calor sofocante. La carretera también es horrible, pero no tanto como el camino a Peter's Pool y paramos en varios sitios pero no se ve bien porque hay niebla y además se ve abajo más tierra y el mar a lo lejos, es como un acantilado escalonado. La carretera sigue y se convierte en un camino tan malo como en la Peter's y como no estamos seguros y además cada vez se ve peor porque está oscureciendo, decidimos volver al hotel. Javi se baña en la piscina mientras yo le espero sentada en una silla. No me gusta bañarme de noche, me da frío en seguida. Volvemos al horno que es nuestra habitación, nos duchamos, preparamos la cena y descubrimos que la cadena del váter está arreglada, tal y como nos prometió el recepcionista, pero se vuelve a estropear. Paso de volver a decírselo, pienso que para lo poco que estamos aquí, nos podemos apañar perfectamente con cubos de agua. Pajareamos un rato y nos vamos a dormir. Mañana cogeremos el ferry a Gozo y pasaremos el día allí.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

MALTA 2010 PRIMER DIA

24 DE AGOSTO DE 2010


A las 9 de la mañana en punto aterrizamos en el aeropuerto de isla, que está en Luqa, cerca de La Valeta. Ya nada más bajar del avión nos golpea el intenso calor que hace allí. Lo primero que hacemos es encaminarnos al mostrador de la compañía de alquiler del coche para recogerlo. He visto hombres más amables, más pacientes y más simpáticos, pero después de todo el papeleo, nos da las llaves de nuestro Kia Río, indicándonos que está a medio depósito y que lo devolvamos con el depósito vacío. Eso sí, nos cobran la gasolina que lleva el coche (unos 25 €) y un seguro que no es obligatorio pero que te recomiendan coger porque si no, tienes que pagar 600 €. Creo que el seguro sale carito al final, como unos 30 €, pero prefiero cogerlo por si las moscas, sobretodo teniendo en cuenta que aquí conducen al revés. Cuando ya nos vamos me pregunta un chico en catalán si el coche lo estamos cogiendo ahora o ya lo llevábamos reservado por Internet. Le digo que lo segundo y me dice que ellos lo van a coger ahora y no sabe si será más barato o más caro. Nos vamos a buscar el coche. Salimos a la calle (en el aeropuerto no te pierdes, es bastante chiquitín) y buscamos el coche donde nos ha dicho el hombre pero no lo encontramos. Damos bastantes vueltas y al final lo vemos, pero claro es que pensábamos que estaría en los aparcamientos de Budget, que es la compañía de alquiler y resulta que está en la de Avis.


Empredemos el camino hacia el hotel. Afortunadamente llevo un mapa muy bueno que me enviaron a casa por correo postal. Como sabía que no funcionaba el GPS envié un mail a la página web oficial de visit malta y me enviaron unas cuantas cosas a casa. Nos vino de perlas. Ahí ya nos damos cuenta de lo raro que es ir al revés de lo que estás acostumbrado ( Javi ya había conducido en Irlanda pero sigue siendo raro), de lo peligroso que es porque la puedes liar y bien; y de lo mal indicado que está todo. Llegar al hotel es un poco una odisea pero al final lo conseguimos. Lo más difícil ha sido encontrar la calle dentro de Bugibba, el pueblo donde está situado y tenemos suerte y aparcamos en la misma puerta. Son ya las 11 pero nuestra habitación no está lista todavía. Nos dicen que lo estará en 15 minutos y que podemos pasear si queremos. Cogemos la calle que baja desde el hotel y vemos un pequeño súper. Un poquito más abajo llegamos a una calle más general y más céntrica, con el mar abajo y un mcdonalds, tiendas, bares y restaurantes. Volvemos para arriba y decidimos parar a comprar en el súper al menos para desayunar mañana y un poco de agua. Cuando llegamos al hotel estamos empapados en sudor y tenemos claro lo primero que vamos a hacer: pegarnos un buen chapuzón en la piscina. La habitación ya está preparada.


La chica de la recepción, una chica rubita de ojos azules, con pinta de inglesa o alemana y muy jovencita, nos acompaña a la habitación y nos explica cómo funciona todo. La habitación en sencilla y austera, tal y como salía en las fotos de booking y tal y como esperábamos porque por 40 € al día no se puede pedir mucho. Por lo visto el desayuno de mañana lo tenemos gratis en el bar (que bien) y los demás días, si queremos, tenemos que pagar 5 € por persona. Preferimos desayunar en la habitación con lo que hemos comprado. No hay aire acondicionado, sólo un ventilador que más tarde descubriríamos que aunque funcionaba bien, no era suficiente porque el calor que hacía allí no se podía aguantar. Estamos en el 5º piso, el más alto y justo encima tenemos la piscina. La pequeña cocina consta de un horno, una especie de cocina eléctrica antigua, una nevera pequeña y un fregadero. Tiene todos los utensilios de cocina necesarios y jabón de platos pero no hay estropajo y debería haber por lo menos sal, aceite, vinagre y azúcar. Pero en general está muy bien. El lavabo no es pequeño pero el váter es súper antiguo y a Javi le llama la atención (yo no me había dado cuenta) de que justo lo primero que ves es la bañera, pero al entrar a la derecha hay un plato de ducha. Nunca había visto un baño que tuviera las dos cosas.



Después de esto subimos a la piscina. Toda ella tiene una profundidad de 1,60 m y una longitud de unos cuatro metros. Para lo que la queremos ya está bien, porque aquí a penas vamos a estar. Aunque he visto charcos más limpios...Digamos que la limpieza de la piscina deja un poco que desear. El agua está turbia y no se ve el fondo. Nos pegamos un baño y, aunque no está muy fría, por lo menos nos ayuda a refrescarnos un poco. Cuando nos secamos decidimos dar un paseo hasta la calle del Mcdonalds, donde hay una especie de cala de rocas desde la que nos podemos dar un baño. Estamos allí un rato. El agua está limpia y clara y más fresquita que en la piscina pero podría estar más fría. Comemos en el mcdonalds. Como estamos cansados porque hemos dormido poco, nos vamos a la habitación y echamos una siesta de 2 horas.



Sobre las cinco ya nos encontramos en La Valeta. Seguimos el mapa para aparcar justo al lado de la puerta principal de la ciudad, ya que los coches no pueden entrar al centro pero nos hacemos un lío y al final encontramos otro. ¡Y es gratis! Por lo visto estamos en la otra punta de la puerta y parece estar súper lejos, pero el mapa está a escala de 200 metros, así que como mucho estamos a medio kilómetro. Enseguida llegamos y me sitúo. La fuente de Neptuno está al lado, justo donde hay un montón de autobuses malteses que parten desde aquí hacia sus rutas. Sigo la ruta recomendada por la guía, pero justo en el primer giro que me hace hacer, la calle está cortada. Están como de excavaciones u obras. Está tapado con paneles y no sé ve y tampoco se puede pasar, así que nos perdemos por las calles como nos parece. La ciudad es bastante bonita y original. Tiene calles con unas pendientes de vértigo y otras con un montón de escalones que te lo hacen pensar dos veces cuando pretendes subir por alguna de ellas. Miramos las tiendas se souvenirs, que hay un montón, y además están bien de precio. Paseando vamos pasando por el albergue de Castilla y León, la Biblioteca, la catedral (que para variar está cerrada),... También pasamos por delante del Museo Arqueológico, que sorprendentemente y teniendo en cuenta los horarios de apertura de las cosas, está abierto. Me encantaría entrar pero temo aburrir a Javi porque esas cosas no le gustan mucho y luego está el precio de la entrada, que no es muy caro, pero dado el ajustado presupuesto que tenemos, es mejor dejarlo para otra ocasión. Además, seguro que no tardan en cerrarlo, no me dejarían entrar. Por todas partes hay españoles, y en especial andaluces.
Seguimos caminando y vamos a dar con el mar. Vamos recorriendo toda la muralla que separa la ciudad del mar y vemos las hermosas vistas que ofrece de Vittoriosa. Son las siete y las tiendas ya hace algún rato que han empezado a cerrar. Pasamos por dos parques en los que se puede admirar la belleza de las vistas una vez más y por delante del Malta Experience, que es una sala donde dan un audiovisual de unos 45 minutos que explica en un montón de idiomas la historia del país. La última vista es a las 4 y ya está cerrada, obviamente. Otro lugar que me gustaría visitar. Cuando el sol ya empieza a ponerse en el horizonte volvemos al coche para ir ya hacia el hotel. Las carreteras está muy mal iluminadas y si se hace difícil llegar a los sitios de día, de noche es mucho peor. Con el coche pasamos por delante de un sitio de comida para llevar y como no tenemos nada para cenar, nos paramos. Javi se lleva una pizza extragrande de jamón, huevo y queso y yo una ensalada pequeña compuesta de tomate, arroz tres delicias, un poco de cuscús y lechuga en una salsa blanca y dulce. Le añado una salsa de tomate que tienen ahí y cogemos un fish and chips para los dos. Todo esto con una coca-cola de 75 ccl que nos hemos tomado mientras lo preparaban todo nos cuesta 13,70 €.
Llegamos a la zona del hotel y comprobamos en nuestras propias carnes lo difícil que es aparcar ahí, tal y como decían las opiniones sobre el hotel que ponían en Internet. Está lleno de vados y los pocos sitios que hay, están ocupados. Al final conseguimos aparcar y llegamos al hotel, eso sí con la ayuda del mapa. Me pregunto si al día siguiente seremos capaces de encontrar el coche con facilidad. Al llegar al hotel, Javi va a al lavabo y se estropea la palanquita para tirar de la cadena. Se ha roto la pieza. Bajo a recepción a explicarles el problema y el hombre sube a la habitación para ver cuál es exactamente el problema. Me pide perdón y me dice que los baños son muy antiguos, que los irán cambiando poco a poco. Mañana tendré solucionado todo. Mientras, tenemos que llenar el cubo de la papelera con agua para cuando hacemos nuestras necesidades. Cenamos, nos duchamos y encendemos la tele. No tiene mando y de 10 canales que se pueden ver 1 es maltés, otro es inglés (la CNN) y el resto son italianos (Rai 1, Rai 2,...). No están dando nada y además se ve fatal, así que descansamos un rato, yo leo y nos vamos a dormir.
Mañana iremos a ver la Gruta Azul.